A primera vista, parece sorprendente que un fluido se pueda espesar añadiendole aire. ¡ El aire es lo opuesto a la sustancia! Sin embargo, pensemos en las espumas de un cafe exprés o de una caña de cerveza: tienen cuerpo suficiente para mantener su forma cuando se recogen con una cuchara. De manera similar, la masa para una tortilla se espesa apreciablemente si se echa levadura química y se remueve. En un fluido, las burbujas de aire tienen más o menos el mismo efecto que las particulas sólidas: interrumpen la masa de moléculas de agua y obstruyen el flujo de agua de un sitio a otro. El inconveniente de als espumas es que son frágiles y evanescentes. La fuerza de la gravedad extrae constantemente fluido de las paredes de las burbujas, y cuando las paredes tienen solo unas pocas moléculas de grosor, se rompen, las burbujas revientan y la espuma se deshace.
Este resultado se puede retrasar de un par de maneras. El cocinero puede espesar el fluido con partículas o moléculas sustanciales (gotitas de aceite, proteínas de huevo) para retrasar el escurrimiento en las paredes de ls burbujas, o incluir emulsionantes (lecitina de yema de huevo o de soya) que estabilizan la estructura de las burbujas. Por otra parte, la delicadeza y evanescencia de las espumas no reforzadas son parte de su atractivo. Estas espumas se pueden preparar en el momemnto y saborearse mientras desaparecen.